miércoles, 25 de julio de 2012

Pininos de mi falconcillo

Por Falcón.

Buscaba mi cuaderno azul para apuntalar una ilusión. Estaba en la playa. Llevé mi guitarra y sabía que en mi maleta también había dispuesto mi “cuaderno azul”, el de tantas batallas, de que no tiene amarras, el de palomas y borrones, el vale mucho más de lo que cuenta. Tomé la pluma, lo habría al azar y encontré este escrito. No era mi letra, era de uno de mis falconcillos, lo leí y vi oportuno transcribirlo, su primer escrito de amor, su primer amor que ha descrito, su Nochebuena con beso, un beso que hasta la noche más triste la hace mejor, la hace buena.

Beso de Nochebuena

Esa tarde de invierno, Esteban había lavado su camioneta, se puso su mejor traje, se preparaba para salir en busca de su ex-novia, pensó que ya había llegado el momento de buscar una segunda oportunidad. Se puso en marcha y arrancó con una gran sonrisa. Cuando llegó con sus amigos todos notaron esa felicidad que después de mucho tiempo no habían visto en el. Compro un café, busco la mejor banca y se dispuso a esperar el momento en el que la vería pasar frente a él. No hacía otra cosa más que voltear a su alrededor, poco a poco el vaso fue quedando vacio,  la noche caía y así mismo la esperanza de Esteban se perdía, no la vería.

Esteban regreso la tarde siguiente esperando tener suerte, pero esta vez, algo fue diferente, su mirada se cruzo con la de una bella chica, fueron segundos de ilusión,  ahora a quien esperaba ver era a esa mujer misteriosa, pasaron los minutos y ella no volvió. Esteban regreso a su casa pero ahora no dejaba de pensar en esa linda mirada, quería saberlo todo: quién era, cómo se llamaba…

Toda la noche no dejo de pensar en ella, se preguntaba si la volvería a ver.
Valentina, el nombre que para Esteban aun era misterioso, era una joven estudiosa y hogareña, siempre se la pasaba hablando de la escuela y sus tareas, solo en algunas ocasiones salía a tomar un agua fresca con sus amigos, pero al instante en que el vaso quedaba vacío regresaba a casa a seguir con sus labores. En cambio Esteban poco estaba en casa, no perdía oportunidad para sentir la adrenalina al volante de su aun respondona F-100  79.

En uno de esos días en que Esteban se preguntaba por ella, la vio pasar frente a él, era su oportunidad, tenía que animarse, corrió hacia ella, se detuvo y quedó paralizado, ella sólo sonrió y esperó a que él hablara, así fue y sólo dijo –Me gustaría saber ¿cuál es tu nombre?-, ella le respondió –Valentina, ¿y el tuyo?-. Él nunca se imagino escuchar su voz, pasmado de la emoción y después de unos segundos contestó –El mío es Esteban-. Valentina al escuchar esto dio media vuelta y se fue. “Valentina y Esteban” qué combinación tan perfecta pensó, ahora sólo quería volverla a ver, quería charlar con ella, estar  siempre a su lado.

Estaba por llegar navidad y Esteban no había vuelto a saber de Valentina, el había salido a comprar el regalo, ya se estaba preparando, al llegar a la caja, la vio formada,  parecía que el destino estaba a su favor, la saludó y empezó a platicar con ella, les cobraron y salieron juntos de la tienda, la acompañó hasta el parabus,  pero antes de subir quedaron en verse para noche buena en esa misma tienda, ya que ella iría a comprar el pavo para la cena.

Esteban contaba los días, ya la quería ver, no dejaba de pensar que pasaría, aunque sabía que sólo sería por unos minutos porque ella tendría que regresar con su familia. Llego 24 de diciembre, el día de la tan esperada cita, ambos llegaron puntuales, aunque solo se habían visto en dos ocasiones, parecían estar enamorados, charlaron un momento, después se miraron fijamente y poco a poco sus miradas se iban juntando, al igual que sus labios, no pudieron controlar ese sentimiento, y el mejor recuerdo de noche buena quedo plasmado en un beso.

La próxima semana les contaré de la playa, del mar y las olas que guardé en el "cuaderno azul". Buena semana mis fieles lectores.

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